El elevado costo de asistir al Mundial aparece como uno de los principales obstáculos para los aficionados. Más allá del valor de los boletos, los seguidores deben asumir gastos de transporte, alojamiento y alimentación en algunas de las ciudades más costosas de Norteamérica.
Esta combinación ha reducido el interés de miles de hinchas internacionales que tradicionalmente acompañan a sus selecciones durante toda la competición.
Los precios reflejan la magnitud de la inversión que supone vivir la experiencia mundialista. En el caso de Argentina, campeón vigente, los paquetes disponibles para seguir a la selección oscilan entre los USD 2.800 y los USD 50.000, dependiendo de la ubicación, los servicios incluidos y la instancia del torneo a la que se pretenda asistir.
Estas cifras han generado debate entre los aficionados, que cuestionan si el evento más importante del fútbol se está alejando del alcance del público tradicional.
La expansión del formato también es señalada como un factor a considerar. Por primera vez competirán 48 selecciones, lo que incrementó considerablemente la cantidad de partidos y boletos disponibles. Algunos especialistas sostienen que esta ampliación pudo generar una oferta superior a la demanda real en determinados encuentros, especialmente aquellos protagonizados por selecciones con menor peso mediático o capacidad de convocatoria internacional.
Pese a las señales de alerta, la FIFA mantiene una postura optimista y confía en que las ventas aumentarán en los días previos al inicio de la competición. La presencia de estrellas internacionales, el atractivo de una Copa del Mundo inédita y la expectativa que genera el torneo más importante del planeta son factores que el organismo considera claves para impulsar una última oleada de aficionados hacia los estadios.
La respuesta del público durante las primeras jornadas será determinante para evaluar el impacto real de esta situación. Mientras la FIFA apuesta por una reacción positiva del mercado, el Mundial 2026 se prepara para afrontar uno de sus desafíos más inesperados: garantizar que el espectáculo dentro del campo tenga el mismo respaldo en las tribunas.



