domingo, julio 19, 2026
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Opinión | España demostró que un equipo vale más que las individualidades

España está en la final del Mundial 2026 por méritos propios. No fue el equipo más mediático del torneo ni el que tuvo las mayores figuras individuales, pero sí uno de los que mejor entendió cómo competir en cada fase del campeonato. Su recorrido confirma que el fútbol colectivo sigue marcando diferencias.

La fase de grupos dejó una primera sorpresa cuando España empató 0-0 con Cabo Verde en su debut. Muchos cuestionaron el rendimiento del equipo e incluso comenzaron a surgir dudas sobre su candidatura al título. Sin embargo, lejos de desmoronarse, la selección española respondió con personalidad.

En la segunda jornada llegó una contundente goleada sobre Arabia Saudita, donde recuperó confianza, mejoró su funcionamiento y volvió a demostrar el poder ofensivo que la caracteriza. Posteriormente cerró la fase de grupos con una victoria 1-0 frente a Uruguay, un resultado corto en el marcador, pero suficiente para asegurar la clasificación y confirmar el liderato de un grupo muy exigente.

Muchos esperaban que Lamine Yamal fuera el gran protagonista del Mundial. Sin embargo, el joven extremo no tuvo el torneo brillante que muchos imaginaban. Aun así, eso nunca afectó el rendimiento del equipo. Ahí apareció una de las mayores fortalezas de La Roja: cuando una figura no brillaba, otra asumía el protagonismo.

Mikel Merino fue probablemente el futbolista más decisivo en los momentos críticos. Entrando desde el banco cambió varios partidos y fue determinante con goles importantes, como el que permitió eliminar a Bélgica en los minutos finales. Ese tipo de jugadores son los que suelen definir campeonatos.

Otro nombre que merece reconocimiento es Mikel Oyarzabal, quien respondió con goles en momentos clave y ofreció movilidad constante en ataque. Mientras tanto, Dani Olmo volvió a demostrar por qué es uno de los futbolistas más completos de Europa, aportando creatividad, intensidad y una enorme capacidad para aparecer entre líneas.

También fue clave la lectura de partido del cuerpo técnico. El seleccionador español tomó decisiones valientes durante el torneo. Una de las más comentadas fue sustituir a Pedri para dar ingreso a Fabián Ruiz, un cambio que terminó funcionando y que resultó fundamental para derrotar a Francia en semifinales. Esa capacidad para modificar los partidos desde el banquillo terminó siendo una de las grandes virtudes de España.

El triunfo sobre Francia tiene todavía más valor si se analiza el contexto. Muchos consideraban al conjunto francés como el máximo candidato al título por la calidad de su plantilla y su enorme poder ofensivo. Sin embargo, España volvió a encontrar la fórmula para superarlo, tal como ya lo había hecho anteriormente en las semifinales de la Eurocopa. Más que una sorpresa, fue la confirmación de que este equipo sabe competir frente a las mejores selecciones del mundo.

Tampoco debe olvidarse que España llegó a este Mundial como vigente campeona de la Eurocopa. Esa experiencia ganadora fue un factor determinante. El grupo ya conocía cómo afrontar partidos de máxima presión y respondió nuevamente cuando el torneo elevó su nivel de exigencia.

La gran enseñanza que deja España es que los campeonatos no siempre los ganan las selecciones con más estrellas, sino aquellas que mejor funcionan como equipo. Cuando Lamine Yamal no pudo marcar diferencias, aparecieron Merino, Oyarzabal, Dani Olmo o Fabián Ruiz. Cuando el partido pedía cambios, el entrenador acertó. Cuando tocó enfrentar a la favorita Francia, el grupo volvió a responder.

Por eso España está en la final. No porque dependiera de un solo jugador, sino porque construyó un equipo capaz de encontrar soluciones desde cualquier lugar del campo. Esa es, probablemente, la mayor virtud de un verdadero candidato al título.

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