Ecuador saltó al césped con una carga que ninguna otra selección llevó a esta Copa del Mundo. Antes de tocar el primer balón, antes de escuchar el primer silbatazo, la Tri ya había recorrido un camino cuesta arriba. Aquellos tres puntos perdidos en las Eliminatorias Sudamericanas fueron una piedra atada a sus tobillos, una deuda que obligó al equipo a remar más fuerte para alcanzar el sueño mundialista. Con esa historia todavía fresca en la memoria, la selección ecuatoriana afrontó su estreno mundialista.
Desde el primer suspiro del encuentro, Ecuador VS Costa de Marfil, la tri dejó claro que no había viajado a especular. Apenas transcurrido un minuto, Moisés Caicedo encendió la ilusión con un remate que rozó el gol y despertó a una hinchada que soñaba con un inicio perfecto. La Tri asumió el protagonismo, movió la pelota con paciencia y encontró espacios para inquietar a una Costa de Marfil que durante varios pasajes se vio obligada a retroceder.
Pedro Vite comenzó a tejer fútbol entre líneas y, al minuto diez, encontró a Enner Valencia en una posición prometedora. El capitán intentó resolver con su pierna izquierda, pero la definición no encontró destino de red. Poco después, Yeboah volvió a levantar de los asientos a todo un país con una acción ofensiva que alimentó la sensación de que el gol ecuatoriano estaba cerca.
Pero el fútbol suele ser un juego de espejos. Cuando Ecuador parecía más cómodo, Costa de Marfil recordó su peligro. Al minuto 16 estuvo a centímetros de golpear primero y sembró un silencio momentáneo entre los aficionados tricolores. La respuesta llegó con el primer saque de esquina del partido para Ecuador y con una presión constante que mantenía la iniciativa del lado sudamericano.
El encuentro también tuvo momentos de tensión. Moisés Caicedo debió abandonar momentáneamente el campo tras permanecer tendido más tiempo del permitido, dejando a Ecuador con diez hombres durante un minuto que pareció eterno. Más tarde, la intensidad del mediocampo quedó reflejada en la primera tarjeta amarilla del compromiso, mostrada a Seko Fofana por una infracción sobre el propio Caicedo.
La ocasión más clara de la primera mitad llegó cerca de la media hora. El balón quedó vivo dentro del área marfileña y parecía negarse a cruzar la línea. Pedro Vite, Enner Valencia, Piero Hincapié y Yeboah participaron en una secuencia frenética en la que todo Ecuador quiso empujar la pelota hacia el fondo de la red, pero el gol siguió resistiéndose como un espejismo en el desierto.
La Tri mantuvo el control de la posesión, aunque también necesitó de sus guardianes. Alan Franco apareció providencialmente al minuto 34 para evitar una acción comprometida, mientras que un empujón sobre Minda elevó la temperatura del partido. Ya en el tramo final del primer tiempo, Hernán Galíndez volvió a demostrar por qué es uno de los pilares del equipo, interviniendo con seguridad para preservar el empate. Así, con Ecuador dueño de la pelota, pero sin recompensa en el marcador, se cerraron unos primeros 45 minutos de dominio, intensidad y una sensación compartida: el gol parecía cada vez más cerca.
Si el primer tiempo había dejado la sensación de que el gol ecuatoriano era cuestión de paciencia, la segunda mitad se encargó de recordar la crueldad del fútbol. Costa de Marfil regresó del descanso con una postura más agresiva y, apenas al minuto 51, el poste se convirtió en el mejor aliado de la Tri. El disparo marfileño superó a Galíndez, pero la madera rechazó el balón y evitó que la noche cambiara de rumbo demasiado pronto.
A partir de entonces, el partido entró en una fase de tensión permanente. Ecuador intentaba sostener el control, pero los africanos comenzaron a encontrar espacios y a acercarse cada vez con mayor peligro. Cuando el reloj marcó la hora de juego, Hernán Galíndez volvió a vestirse de héroe con una intervención salvadora que mantuvo con vida a una selección que empezaba a sufrir más de la cuenta.
La respuesta ecuatoriana llegó a través de Gonzalo Plata. Al minuto 67, el extremo encontró un resquicio y sacó un remate que llevaba aroma de gol. Sin embargo, el arquero marfileño respondió con una atajada decisiva y mantuvo intacto el marcador. Era uno de esos momentos en los que el fútbol parece advertir que no siempre gana quien más lo busca.
Los minutos finales se consumieron entre la esperanza ecuatoriana y la insistencia de Costa de Marfil. La Tri resistía, luchaba y parecía encaminada a rescatar al menos un punto en su estreno mundialista. Pero el fútbol, a veces, es un juez implacable.
Cuando el empate parecía firmado, llegó el golpe más duro. Al minuto 89, Costa de Marfil encontró el espacio que había buscado durante toda la noche y envió el balón al fondo de la red. Fue un silencio repentino, un puñal en el último suspiro, un castigo demasiado severo para un Ecuador que había competido de igual a igual durante gran parte del encuentro. El sueño mundialista comenzaba con una derrota, 1-0, y con la amarga sensación de haber tenido el destino al alcance de las manos antes de verlo escapar en el instante final.



