El golfista estadounidense Tiger Woods, de 50 años, fue detenido tras un accidente vehicular el pasado viernes, y un nuevo reporte de la Oficina del Alguacil del Condado de Martin revela que el deportista llevaba dos pastillas de hidrocodona, un analgésico opioide, y mostraba síntomas preocupantes al momento de su arresto.
Según el informe, Woods tenía los “ojos vidriosos”, caminaba de manera “letárgica” y sudaba profusamente dentro de su Ford F-150 blanco, a pesar de que el aire acondicionado estaba encendido. Además, habló de forma “inusual” con los oficiales y presentó pupilas dilatadas.
Negativo en alcohol, pero dudas sobre otras sustancias
El golfista dio negativo en la prueba de alcohol, pero se negó a una prueba de orina para detectar otras sustancias. Durante la revisión, los agentes encontraron las dos pastillas de hidrocodona en el bolsillo izquierdo de su pantalón. Este medicamento es aprobado por la FDA para tratar dolor crónico severo, pero también figura en reportes de abuso ilícito, según la DEA.
La oficial Tatiana Levenar, quien participó en el arresto, apuntó en su reporte: “Con base en mis observaciones de Woods, cómo realizaba sus ejercicios para la prueba de alcohol y mi experiencia, creí que sus capacidades normales eran disfuncionales y no era capaz de operar con seguridad un vehículo”.
Versiones encontradas: Woods dice que solo estaba revisando el celular
El golfista, en cambio, aseguró que estaba viendo su celular y cambiando la estación de radio durante el accidente, mientras la policía sostiene que tambaleaba al caminar y parecía afectado por los medicamentos que toma bajo prescripción médica.
El accidente ocurrió alrededor de las 14:00 hora local (18:00 GMT), cuando Woods conducía a gran velocidad e intentó adelantar a una camioneta de limpieza que remolcaba un pequeño tráiler. Al hacer un volantazo para esquivarlo, volcó de lado y tuvo que salir por una ventanilla.
Tras el incidente, Woods fue detenido y pasó varias horas en prisión, quedando en libertad esa misma madrugada. El reporte añade un capítulo más a la complicada relación del deportista con las lesiones y el uso de medicamentos para controlar el dolor que lo ha acompañado en los últimos años.



