El Paris Saint-Germain ha decidido dar un giro profundo a su proyecto institucional y deportivo, dejando atrás la estrategia que durante años se basó en reunir a figuras de talla mundial, un ciclo que tuvo como último gran referente a Kylian Mbappé. Durante ese periodo, el club parisino logró atraer a estrellas internacionales mediante contratos millonarios, cifras que estaban fuera del alcance de la mayoría de equipos europeos, aunque estos esfuerzos no se tradujeron en los resultados esperados a nivel continental.
En la actualidad, el campeón de Europa ha establecido una línea de trabajo más clara y estricta: ningún jugador será retenido en contra de su voluntad. La nueva postura del club prioriza el compromiso deportivo y la identificación con el proyecto por encima del nombre o el estatus mediático.
Si bien el PSG consolidó su dominio en el fútbol francés, internamente se evidenciaron problemas estructurales. Diversos procesos deportivos se vieron afectados por plantillas conformadas por futbolistas acomodados, con poca exigencia competitiva y altos privilegios económicos. Ante este panorama, en 2023 el presidente Nasser Al-Khelaïfi optó por transformar la política interna de la institución.
Para ejecutar este cambio, el club confió la dirección deportiva a Luis Enrique, quien impulsó una reestructuración profunda en la dinámica del equipo.
Bajo su gestión, se dejó de priorizar fichajes “galácticos” y se reforzó la disciplina, el orden táctico y el compromiso colectivo.
Además, el enfoque financiero también ha sido ajustado. A diferencia del pasado, cuando los salarios alcanzaban cifras exorbitantes, actualmente los contratos incluyen esquemas variables. Estos acuerdos contemplan incrementos progresivos ligados al rendimiento individual, los minutos disputados y los objetivos deportivos alcanzados, alineando así el aspecto económico con el desempeño en el campo de juego.



