El Mundial de fútbol que se jugará este año en Estados Unidos, Canadá y México quedó bajo amenaza luego de un brote de sarampión en suelo «azteca».
Quien se encargó de espantar los «fantasmas» fue el ministro de Salud mexicano, David Kershenobich, al informar que el brote de sarampión se extendió a los 32 estados de ese país y «no representa un riesgo».
Anticipó también, que para la primera semana de abril está prevista una reunión en la que «cada uno de los países» organizadores, miembros de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), deberá presentar un informe sobre «cómo ha actuado y procedido» el brote para controlarlo.
«En base a esta revisión se definirá si será necesario establecer medidas adicionales de vacunación para personas que viajen al Mundial», señaló el responsable de la política sanitaria del gobierno, al explicar que se realizó un «trabajo conjunto» enmarcado en un esquema de colaboración entre México, Estados Unidos y Canadá en materia sanitaria «desde el surgimiento del brote».
«El mensaje central de la estrategia sanitaria», por ahora, es «la vacunación» al destacar que «no hay otra manera de controlarlo» y recordar que cuando se generalizaron los brotes de sarampión en su país, el gobierno se fijó un plazo de dos meses para tratar de controlar la epidemia que también afecta a los países vecinos.


