A poco más de un mes del inicio del Mundial, el debate por el precio de las entradas en Estados Unidos sigue encendido. En el centro de la polémica está el sistema de reventa, impulsado por el llamado “mercado dinámico”, que permite que los precios fluctúen según la demanda. La FIFA defiende este modelo, pero los valores ya han alcanzado cifras difíciles de asimilar para el aficionado promedio.
Un ejemplo claro es la final del 19 de julio en el MetLife Stadium. En la mañana del pasado miércoles, las entradas más económicas en la plataforma VividSeats rondaban los 9.263 dólares, mientras que las más exclusivas llegaban a 64.822 dólares. En paralelo, en los últimos días han aparecido publicaciones que ofrecen boletos por más de dos millones de dólares, reflejando el extremo al que puede llegar la especulación en este sistema.
El fenómeno no se limita a la final. Incluso partidos de fase inicial muestran precios inflados, como el debut de Estados Unidos ante Paraguay en Los Ángeles, donde las entradas oscilaban entre 942 y 7.877 dólares. También el estreno de Argentina, vigente campeona del mundo, frente a Argelia en Kansas City, presenta valores que van desde los 776 hasta los 5.362 dólares.
Sobre este modelo, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, defendió la lógica del sistema: «Tenemos que observar el mercado. Estamos en el mercado donde el entretenimiento es el más desarrollado del mundo. Por eso tenemos que aplicar precios de mercado», afirmó en una intervención en Los Ángeles.
El dirigente también explicó el funcionamiento de la reventa en Estados Unidos: «En Estados Unidos también está permitido revender entradas. Así que si se venden a un precio demasiado bajo, esas entradas se revenderán a un precio mucho más alto. Aunque algunas personas digan que los precios de las entradas que tenemos son altos, aun así terminan en el mercado de reventa a un precio todavía más alto, más del doble de nuestro precio», insistió.
Así, el Mundial más grande de la historia, con 48 selecciones, se acerca envuelto en una tensión creciente: la pasión por el fútbol frente a un mercado de entradas cada vez más inaccesible.



