A seis semanas del inicio del Mundial de fútbol, varios hoteles de las once ciudades estadounidenses que albergarán 78 de los 104 partidos del torneo que organizarán también México y Canadá informaron que las reservas están muy por debajo de las expectativas e, incluso, en algunos casos como el área metropolitana de Kansas City son inferiores a las de un verano normal.
Esta situación confirma que Estados Unidos no es un país futbolero, pues su público prefiere el básquetbol, el béisbol y el football americano por sobre el fútbol (salvo los inmigrantes, que suelen ser apasionados del deporte más popular del planeta, sin embargo son perseguidos por el ICE).
Según un informe del «American Hotel and Lodging Association» que reproduce la prensa local, cerca del 80% de los albergues presenta niveles de reservas inferiores a lo esperado, escenario que contrasta con las casi 5 millones de entradas vendidas para los partidos.
En el informe, se detalla que esta podría ser una consecuencia que surgió por parte de los turistas internacionales a raíz del temor de la guerra que EEUU sostiene con Irán y también por las medidas que tomaría el gobierno de Donald Trump respecto al visado y control más rígido en las fronteras, además del alza de los costos que ha generado este conflicto.
Todo esto a pesar de que Estados Unidos celebrará el ducentésimo quincuagésimo aniversario de la Declaración de la Independencia, un evento que se anunciaba iba a generar una afluencia adicional de turistas extranjeros y a que los organizadores de la Copa del Mundo siguen aludiendo a una «demanda sin precedentes» que prometía un «boom» turístico que, al menos por ahora, no se percibe.



