Un nuevo y grave escándalo vuelve a golpear al deporte estadounidense. Un total de 26 personas fueron acusadas por fiscales federales de Estados Unidos de participar en una red internacional de manipulación de partidos, que involucra al básquet universitario y también a una liga profesional en China.
La acusación, presentada en Philadelphia, detalla cargos por soborno y amaño de casi 30 partidos, en los que los implicados habrían pagado a jugadores para que rindieran por debajo de su nivel, con el objetivo de obtener ganancias millonarias a través de apuestas deportivas. “Estamos denunciando una amplia conspiración criminal internacional de jugadores, exalumnos y apostadores profesionales que arreglaron partidos por todo el país y envenenaron el espíritu competitivo estadounidense por beneficio económico”,
afirmó el fiscal federal David Metcalf durante una rueda de prensa.
De acuerdo con la Fiscalía, la operación comenzó en la Asociación China de Baloncesto (CBA) y, tras resultar rentable, fue trasladada a Estados Unidos, específicamente al básquet masculino de la División I de la NCAA, el nivel más alto del baloncesto universitario.
El nombre del exjugador de la NBA Antonio Blakeney aparece mencionado en la investigación, aunque no figura entre los 26 acusados formales. Blakeney, de 29 años, jugó dos temporadas en la NBA con los Chicago Bulls entre 2017 y 2019, y posteriormente militó en los Jiangsu Dragons de China.
Según la acusación, cerca de USD 200.000 en efectivo habrían sido colocados en una maleta del basquetbolista en Florida, al final de la temporada 2022-23 de la liga china, como parte del esquema de sobornos.
En territorio estadounidense, los acusados habrían ofrecido sobornos de hasta USD 30.000 por partido a más de 39 jugadores universitarios, mientras realizaban apuestas que alcanzaban varios millones de dólares. Las autoridades no han precisado el monto total apostado.
De ser declarados culpables, los implicados podrían enfrentar penas de hasta cinco años de prisión por cargos relacionados con soborno y manipulación de resultados deportivos.
Este caso se suma a una serie de investigaciones recientes que han puesto bajo la lupa la relación entre el deporte profesional y las apuestas. Desde que en 2018 se legalizó esta actividad en la mayoría de los estados del país, las grandes ligas han incrementado su vinculación comercial con casas de apuestas.
Según la revista Forbes, en el último año 11 jugadores recibieron suspensiones de por vida por violaciones relacionadas con apuestas, incluidas apuestas sobre su propio rendimiento o el de sus equipos.
El escándalo recuerda también los casos que sacudieron a la NBA en 2025. En octubre pasado, el exjugador y entonces entrenador de los Portland Trail Blazers, Chauncey Billups, fue arrestado por su presunta participación en partidas de póker ilegales vinculadas, según la Fiscalía, a familias mafiosas.
Asimismo, Terry Rozier, jugador de los Miami Heat, fue vinculado a una trama de apuestas que habría utilizado información privilegiada sobre lesiones y ausencias entre 2022 y 2024 para beneficiar a apostadores.
Este nuevo escándalo vuelve a encender las alarmas sobre la integridad del deporte universitario, donde jóvenes atletas se convierten en blanco fácil de redes criminales, y plantea un desafío urgente para las autoridades deportivas y judiciales en Estados Unidos.
El básquet universitario, símbolo de formación y competencia limpia, enfrenta hoy una de las crisis más profundas de su historia reciente.


